Video de la presentación y una nota sobre el libro

Volví ya hace unas semanas, pero el accidentado ritmo de la vida y el estado de distracción generalizada que me caracteriza se organizaron para que recién hoy me siente a escribir esto.
Me gustó poder corroborar, como en cada viaje, que Buenos Aires sigue ahí, incorruptible en sus caóticas ganas de generar cosas, todo el tiempo.

 

En lo que a mi respecta, la noche de la presentación del libro fue una forma muy específica de la alegría que, creo, nunca me había tocado de esa manera. Por suerte, la buena gente de la Biblioteca (qué suerte que la Biblioteca Nacional sea así y, sobre todo, qué suerte que tenga un Centro de Historieta y Humor Gráfico como el que tiene) se tomo el trabajo de filmar y editar un registro de la velada. Siguiendo el link pueden escuchar lo que leímos y charlamos con Catalina Reggiani.

 

Por otro lado, salió una nota (en el siempre encendido Radar de Página 12) que me puso muy contento. Un libro no se completa hasta que alguien lo lea y, en este caso, recibí el regalo de una lectura muy atenta (y muy bien escrita, dicho sea de paso) de Lautaro Ortiz. Se puede leer por acá.

Pero, como no puede dejar de gustarme la dispersión de la tinta en el papel de diario, acá les dejo, también, una foto de la nota impresa:

 

El disco de oro en la Biblioteca Nacional

Estoy sacando un libro en Buenos Aires que se presenta mañana, jueves 9 de abril, a las 18:30 hs en el espacio del Centro de Historieta y Humor Gráfico de la muy brutalista Biblioteca Nacional (Agüero 225, CABA). En el trajín de organizar e ir invitando gente por todos lados, me fui olvidando de anunciar el evento en este blog. Qué curioso que algo con un nombre todavía tan incómodamente contemporáneo ya se haya vuelto una costumbre abandonada que cuesta recuperar. Intentaré mejorar en este aspecto.

Pero, ¿qué es este libro? Hay 8 historietas que intentan abandonarse al realismo cotidiano de naves espaciales, publicidades de galletitas, monjes medievales, chicas que no recuerdan haber filmado una publicidad de galletitas y granjeros soviéticos.

En estos días el libro empieza el casi artesanal recorrido que lo lleva a las librerías y, con suerte, encuentre algún lector. Me da una curiosidad enorme qué pasará de ahí en adelante, pero ya no depende de mí.

Poesía peruana y una sitcom inglesa del Iluminismo

Hace unas semanas, alguien subió a alguna red social algún chiste que me trajo a la memoria un poema de José Watanabe.

En el poema, alguien tira, cuesta abajo, antes que Newton, una piedra. Al verla rodar, a esta persona se le empieza a formar, de un modo algo impreciso, una idea que podría ser la gravedad. Pero ese pensamiento que no termina de florecer del todo se le termina por escapar. No importa, piensa nuestro amigo: algún día, alguien, logrará formularlo del todo.

Cuando estoy optimista, imagino un camino parecido para estas historietas que vengo haciendo últimamente. Algún día, tal vez, en algún lugar, alguien va a leer esa serie de ideas indeterminadas en el papel y logrará formularse alguna noción más acabada.

Alguna vez leí, en algún libro que no recuerdo bien, que Newton tenía cierta tendencia a perderse en su trabajo intelectual y, digamos, abandonar un poco su existencia material durante esos períodos. Se recluía en su cuarto en la universidad a pensar y tomar notas, se olvidaba de comer, cuando tenía hambre gritaba hasta que alguien le llevaba comida, ni se cambiaba ni bañaba, olía increíblemente mal en su encierro.

La verdad, no estoy muy seguro que haya sido tan así. Tal vez leí una calumnia mal intencionada o exagerada o, lo que es más probable, la anécdota, con su encanto, se fue exagerando en mi memoria.

Como sea, siempre me pareció un muy buen escenario para una sitcom. Cambridge, fines del Siglo XVII, un grupo de profesores, asistentes y alumnos que se la pasa lidiando con un Newton huraño, difícil, encerrado en su habitación, enfrascadísimo en darle forma al cálculo infinitesimal y sus intermediadas guerritas epistolares con Leibniz.

Todo ocurre alrededor de su cuarto, al que los televidentes nunca entramos. Newton es una presencia ominosa pero invisible. Lo escuchamos gritar, nos enteramos de sus reclamos a través de los valientes personajes que se entran a su cuarto y salen espantados. La mayoría de los capítulos son un engranaje de enrriedos que se pone en acción a partir de la difícil interpretación o concreción un nuevo recado del genio al que nada, nunca, le termina de venir del todo bien.

En el medio de esa danza, los personajes que sí vemos y conocemos, van teniendo sus desencuentros, intrigas y amores. Tienen, todos, la sensación de comprender la trasendencia del trabajo de Newton y, al mismo tiempo, el hastío propio de tener que lidiar con alguien así. En esa simultaneidad se forma (entre todos los personajes, pero también de ellos hacia Newton) algo parecido al cariño.

Nadie sabe qué está haciendo

O, al menos yo, nunca lo sé. Particularmente cuando hago historietas.
De alguna manera, empiezo a tener la sensación de poder adivinar qué era lo que estaba intentando hacer con una historieta recién cuando alguien la lee.

El anhelo, entonces, mientras estoy ahí sentado, marcando el papel con tinta, es que alguien va a, eventualmente, leer esa historieta que estoy haciendo. Así que, con eso en mente, acá está la última que hice:

 

Se puede encontrar en mi tienda online. Por ahora, solo está disponible en inglés (una de las lenguas más comunes de la ciudad en la que terminé viviendo). Estoy trabajando para que esta y las otras historietas que vengo haciendo estos últimos años (que de alguna manera son parte de lo mismo) estén disponibles en nuestra lengua común de una forma razonable. Es un poco extraño para mi que estas cosas se lean primero en inglés, pero bueno, tal vez el ejercicio de la paciencia, hoy en día, sea un lujo necesario.

Si, de alguna manera, terminaron leyendo alguna de estas historietas y  llegaron a tener el atisbo de algún pensamiento o emoción, me encantaría saber de ustedes: fran@franlopez.info. ¡Gracias!

Baile del foco y MoCCA

Jueves, 9 de la mañana. Llego a la oficina y mi amigo Agus me manda un link. Está tocando y transmitiendo en vivo desde algún boliche en Tokyo. Abro el link y engancho los últimos minutos de sonido distorsionado y una muchedumbre pixelada y saltarina. Cada vez que se escucha un sonido que evoca la memoria de un bombo, la imagen se va de foco. El video entra-y-sale de foco con un ritmo claro e hipnótico. En algún lugar, del otro lado del planeta, hay gente disfrutando un momento de alegría sobreestimulada. En la oficina hace frío. Quién controla el termostato es un de los misterios mejor guardados de las corporaciones transnacionales.

 

Hace dos fines de semana estuve feriando en MoCCA junto a la siempre encantadora Sarah Glidden (en la mesa de al lado estaba el  novedosamente-para-mi también encantador Grant Shaffer).

Un chico de unos 10 años se acercó a la mesa y le dedicó un tiempo largo a considerar todas y cada una de las tapas de mis historietas. Después de un tiempo me dijo que tengo un “estilo muy único” y se fué, sin darme tiempo a agradecerle.

Los verdaderos completistas del Fran Lopecismo habrán notado una nueva historieta en esa mesa. Llegué a terminarla e imprimirla justo a tiempo para le evento. En unos días contaré de qué se trata y la pondré en la tienda. (Por ahora, estas historietas existen solo en inglés, pero ya estoy trabajando para que se puedan leer, como corresponde, en la lengua de Cervantes).

 

    Cada tanto mando algún e-mail. Me pueden escribir a fran@franlopez.info para que los agregue a la lista.

    Hola

    Mientras miramos cómo la internet se empieza a caer a pedazos de a poco, me pareció que tal vez no esté mal armar un blog.
    Así que acá estamos. Tengo algunas ideas algo imprecisas que me gustaría anotar (y dibujar) acá. Por ahora, simplemente estoy viendo que esto funcione.
    ¡Nos leémos pronto!

      Cada tanto mando algún e-mail. Me pueden escribir a fran@franlopez.info para que los agregue a la lista.