Volví ya hace unas semanas, pero el accidentado ritmo de la vida y el estado de distracción generalizada que me caracteriza se organizaron para que recién hoy me siente a escribir esto.
Me gustó poder corroborar, como en cada viaje, que Buenos Aires sigue ahí, incorruptible en sus caóticas ganas de generar cosas, todo el tiempo.
En lo que a mi respecta, la noche de la presentación del libro fue una forma muy específica de la alegría que, creo, nunca me había tocado de esa manera. Por suerte, la buena gente de la Biblioteca (qué suerte que la Biblioteca Nacional sea así y, sobre todo, qué suerte que tenga un Centro de Historieta y Humor Gráfico como el que tiene) se tomo el trabajo de filmar y editar un registro de la velada. Siguiendo el link pueden escuchar lo que leímos y charlamos con Catalina Reggiani.
Por otro lado, salió una nota (en el siempre encendido Radar de Página 12) que me puso muy contento. Un libro no se completa hasta que alguien lo lea y, en este caso, recibí el regalo de una lectura muy atenta (y muy bien escrita, dicho sea de paso) de Lautaro Ortiz. Se puede leer por acá.
Pero, como no puede dejar de gustarme la dispersión de la tinta en el papel de diario, acá les dejo, también, una foto de la nota impresa:
